miércoles, 12 de enero de 2011

Una noche de fútbol...

Las 20:50 de la noche, en el ambiente se masca la tensión, se huele el miedo, la inseguridad, las dudas… El hombre que está sentado a mi derecha le comenta al de su otro lado la falta de Drenthe, se muestra reacio creer que el equipo pueda ganar sin dicho jugador, el otro, por su parte, se muestra feliz, no sabe el porqué pero tiene la sensación de que esta va a ser una gran noche.

Las 20:55, abro mi primera bolsa de pipas, dispuesto a presenciar uno de los mayores espectáculos del mundo al que llaman fútbol. Ahora es el hombre de delante mía quien habla de los problemas económicos del club, el descontento de los jugadores al no cobrar su sueldo…

Suena el pitido inicial, las 21:00 y el Atleti saca el balón jugado pero enseguida es recuperado por el HCF, el esférico parece ser de su propiedad y así se lo hace saber a los rojiblancos.

Minuto 11', una internada por la banda del general Tote, que parece tropezarse, acaba mandando el cuero al fondo de la portería en detrimento del gran guardameta que la custodia. El estadio se levanta, el speaker, que parece un poco perdido en esto de celebrar los goles, corea el nombre de nuestro centrocampista más querido y odiado a la vez. ¡Tote, Tote, Tote…! Es entonces cuando me acuerdo de cierto jugador, no muy distinto a éste, que ahora mismo anda por tierras lejanas, el cual supo desatar este mismo tipo de pasión en el Santiago Bernabéu.

Minuto 23', el paraguayo se cruza en la divisoria poniendo su punto de mira entre los tres palos del fondo sur, arma su pierna izquierda y suelta su letal aguijón contra De Gea, un conocido de las noches alicantinas, la pelota entra por la escuadra ante el asombro de la grada y de sus propios compañeros. 2-0 en el marcador ante un Atlético de Madrid más pasivo que irreverente.

Minuto 32', hace un buen rato que he dejado la bolsa de las pipas porque es demasiado incómoda a la hora de aplaudir y la verdad es que no paro de hacerlo. Nuestro querido Paquito Peña llega desde atrás, sin pensárselo dos veces, la pone al área y, desde las profundidades emerge un gigante, se alza Thomert, mesié para algunos, y cabecea un balón que va a parar de nuevo a la red de la portería de nuestro simpático guardameta. El hombre que tengo a mi derecha le comenta a su compañero que no se lo cree, que es impresionante, el otro, por su parte, le dice: "Ya te lo había dicho yo". Ahora lo que se masca es felicidad, optimismo, las dudas ya se han disipado o mejor dicho: las han disipado.

Minuto 44', no puede ser, otro más, ahora es el otro francés el que se une a la fiesta, el mundialista Trezeguet hace el cuarto y nos hace un poquito más felices.

Final de la 1ª parte, la alegría es incontenible, nadie se puede creer estar viviendo una noche de fútbol tan redonda, el himno suena y la gente parece sentirlo como antaño.

Comienza la 2ª parte y el atleti da sus primeros avisos. Parece otro equipo, saben que les queda medio partido por delante y que no pueden cederlo sin oposición ni resistencia. José Antonio lo intenta desde el centro del campo pero es inútil, "Calata" bajo los palos.

Sale Forlán y parece que el estadio se silencia, todos saben quién es el nuevo inquilino del verde y le tienen, por lo menos, respeto. Pero da igual, no da tiempo. "Remontadas mayores se han visto" pensarán algunos, pero no en el Rico Pérez, no ante un HCF de ensueño. No en el nuevo fortín de primera, no en la nueva fortaleza blanquiazul.

Fin del partido, el silbato suena y los jugadores se van a los vestuarios, unos deshechos por completo y otros sonrientes por el trabajo bien hecho.

Quien siga pensando que el fútbol es un juego de niños es que no ha estado en el mismo estadio que yo, quien siga pensando que se trata de "22 tíos dándole patadas a un balón" como dicen algunos ignorantes es porque no sienten la magia del fútbol, de las pasiones que desata… Pobres de esas personas que no tienen tal privilegio.

Sólo me queda decir: Muchas gracias HCF. Y es que algunos pensarán que prefieren ganar a todos los equipos pequeños y perder contra los grandes, pero se equivocan, son noches como ésta, en las que David vence a Goliat, las que verdaderamente merecen la pena, es por noches como ésta por las que partido tras partido acudo al estadio. Son noches en las que la cabeza da rienda suelta a la imaginación y ésta es insuficiente al compararla con los hechos. Se queda corta. Y ahora, ¿quién se acuerda de Drenthe?


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